lunes, noviembre 13, 2006

Saber para hacer, saber para comprender

¿Sería ingenuo pensar que pudiese existir alguien para quien el conocimiento fuera solamente un placer estético?. A primera vista podría parecer que lo ingenuo es justo lo contrario, pero dado que el ser humano ha evolucionado para sobrevivir, no para contemplar, la pregunta no es del todo inconveniente.

La escuela pitagórica sentó la tradición griega de estudiar la geometría por la geometría. Muchos siglos después se platicó, se platonizó, sobre el arte por el arte. Pero nada se estudia o se hace porque sí, realmente. El conocer es hacer, también, y haciendo se va conociendo. Alguien privado de experiencia, sometido a imágenes y sonidos sin interaccionar con la realidad, no asimilaría nada, sería un saco de carne y vísceras desprovisto de personalidad, de significados, de raciocinio, y quizá tan exánime que moriría de quietud. Sería un homúnculo atado a una silla mirando con ojos vacíos sombras sobre una pared de caverna, una sombras que sería incapaz de comprender y que quizá creyese proyectadas por realidades superiores, si es que fuese capaz de creer algo.

El mito platónico reflejaba, cual sutil sombra, cual sutil broma, la misma escuela y filosofía de Platón, en cierto sentido. El mundo de las ideas era una idealización del mundo, un conjunto de sombras en una pared de caverna, unas pinturas rupestres del intelecto. A la entrada de la Academia original del de anchas espaldas (Platón), se prohibía la entrada a quien no supiera matemáticas. La tradición pitagórica alcanzaba su “ideal” en la filosofía platónica.

Pero el hecho es que estamos diseñados para hacer. Peor aún, estamos diseñados para sobrevivir, que es un hacer sin descanso, un hacer permanentemente renovado por el desear, propulsado por pulsiones inagotables, un subir y bajar de Sísifo con rocas cada vez más pesadas, cada vez más resbaladizas sobre nuestros hombros. En cuanto nos sentimos Sibaritas, en cuanto nos paramos a descansar de modo absoluto, cuando renunciamos voluntariamente a ser lo que somos, una zozobra nos invade y nos destruye por dentro, como la propia Síbaris fue destruida, aplastada bajo el peso infinito de sus pétalos de rosa.

Podría parecer una curiosa coincidencia que fuera en la Magna Grecia, en el sur de la península itálica, donde surgieran dos arquetipos tales como los Pitagóricos y los Sibaritas. Ambos representaban, cada uno en su esfera perfecta, la soberbia inutilidad. No voy a sugerir, desde luego, que las conjeturas, demostraciones y ejercicios de los primeros no dieran su fruto. Pero si esto fue así se debió a que uno de ellos traicionó a la Secta –eran, después de todo, una secta- y reveló sus secretos matemáticos. La fruta cayó del árbol....sobre la cabeza de Newton, por decirlo simbólicamente. El placer espiritual de la simetría y las incógnitas era, entre los Pitagóricos, una consecuencia del rigor monacal de una vida entregada a fruslerías esotéricas y ensoñaciones sobre la reencarnación.

Si todos los matemáticos (y en general científicos y pensadores) posteriores a los Pitagóricos hubieran estado imbuidos del mismo espíritu, de la misma filosofía, la ciencia no hubiera avanzado demasiado. Y no demasiado avanzó en la antigüedad clásica, tocada toda ella por esa peculiar manera de ver las cosas de la que la Escuela Pitagórica y la Platónica eran solamente una expresión suprema. Si exceptuamos los trabajos de Arquímedes hubo poco de ciencia entonces. Era preciso manejar la materia, usar las manos en sincronía con el cerebro, hacer uso de la palanca que movería el mundo. La misma palanca, en su interacción con la pesada roca Sisífica, suscitaría nuevas preguntas que el cerebro debería responder con la creación de algún artefacto que traería nuevas preguntas. Pero el despegue iba a ser lento. En Alejandría, lugar de saber con Museo (de las Musas) y gran Biblioteca, se hicieron máquinas de vapor.....para mover estatuas e impresionar a la plebe. ¿Por qué no se dio el paso que ahora nos parece lógico, de convertir esas máquinas en productoras de trabajo útil?. Entonces tenían esclavos, y, en cualquier caso, todos eran siervos de uno o pocos amos. Y nadie tenía interés en que se rebajara la servidumbre de los demás, porque no eran capaces de percibir las implicaciones que tendría el avance tecnológico y la aplicación de los artefactos a la resolución de problemas prácticos, ni mucho menos los cambios económicos, sociales y políticos que esto acarrearía.

La máquina de vapor le servía a los inventores a sueldo del Estado para impresionar a la plebe, y solo después sirvió para que la plebe impresionara a los amos decadentes...y les rebajase y finalmente apartase, o, digámoslo más exactamente: les suplantase. No fue la guillotina la que cortó sus cuellos.

La ciencia avanza merced a la técnica. La mente por sí sola puede especular mucho y muy profundamente, pero sus imágenes no pueden penetrar la materia tan bien como sus manos. La mente, abandonada a sí misma, puede crear sofisticadas y hermosas mitologías. Son las manos las que han construido los microscopios y los telescopios. Son las manos las que los manejan. Obviamente no oso decir que son las manos las que piensan, las que sienten, las que en definitiva crean; pero si puedo afirmar que casi siempre son las manos las que hacen. Es el hacer, casi siempre manipular, y es el hacer ordenado, finamente coordinado. Son las manos, las mismas que nos sugirieron los números, y las decenas, con las que aprendimos a contar, las más adecuadas para la manipulación (atiéndase a que el mismo término manipulación viene de manos).

El hacer, que está motivado por la necesidad, usa las manos. La acción que se deriva de ello es constructiva (crea cosas nuevas y articuladas a partir de otras preexistentes inconexas) y económica (que aprovecha al máximo los recursos, permitiendo economías de escala y emergencias de nuevos conocimientos).

El deseo de liberarse del peso de la roca Sisífica, de la condena de obtener el pan con el sudor de la frente, motiva la observación circunspecta, la tensión psicológica de la atención: se buscan regularidades sobre las que subirse como un surfista sobre una ola. Pero si la naturaleza no las proporciona se tienen que crear, que hacer. Se modela la arcilla de la realidad al conocerse su maleabilidad, pero antes de conocer el porqué de esta. La necesidad se rebela contra el azar, busca domeñarlo, monta el caballo salvaje de la naturaleza hasta que este se deje cabalgar. Y mientras el équido trota el jinete mira a su alrededor y describe el movimiento.

El afán humano por comprender el cosmos ha existido desde los mismos orígenes del hombre. Sin embargo este ha sido satisfecho fácilmente con cosmovisiones (visiones del cosmos) míticas, el alma ha sido saciada con alimento poco nutritivo, con ostias consagradas por el aire de la poesía o similares, igual que el cuerpo puede ser alimentado con comida de poca calidad, y mantenerse en pie, si bien obeso. Superar la ignorancia sobre algunas de las cuestiones fundamentales no ha sido una tarea a nuestro alcance hasta que nuestros brazos movieron la palanca de la técnica. Entonces el mundo empezó a girar...ante nuestros ojos atónitos.


Una chica que participó en el programa “Quieres Ser Millonario” decía a su presentador que su afición era diseñar objetos que no sirvieran para nada. No era de extrañar que deseara ser millonaria para satisfacer tan excéntrica afición, tan peculiar vocación. Pero ¿tan excéntrica y peculiar son, realmente?. ¿Cuántos de nosotros no realizarán cada día rutinas cuyo significado profundo desconocen, y vivirán llevados por una corriente que no controlan ni conocen ni quieren controlar ni conocer?. ¿No viven acaso esos, de alguna manera, entregados a la elaboración de objetos y abstractos vacíos de significado?. ¿Qué les diferencia de esta muchacha sino que no reconocen su afición a la nada?.

No puedo negar que yo siempre he querido saber para comprender, y no saber para hacer. Y soy consciente de que hacer es prioritario, y comprender secundario. No hemos sido hechos para conocer la verdad, sino para sobrevivir. Y sobreviviendo, haciendo para vivir, hemos llegado a conocer más y mejor nuestro Universo, y hemos creado el ambiente propicio para preguntarnos por él.



2 comentarios:

berti dijo...

Me encanta cómo suena tu pregunta retórica. Y tu comentario es maravilloso, especialmente el penúltimo párrafo. Algunas personas son voyeurs más que otras, pero dentro del ser humano, especialmente dentro de los singulares, está tanto la tendencia a observar desde fuera y abstrayéndose, como la de implicarse en el curso de la acción. El caso del conocimiento es curioso. Pensemos en los libros de divulgación de física. Nadie que no sea un entendido de la materia va a exprimir el beneficio práctico del estudio ni va a sacarle provecho a información tan simplificada, pero nos gusta leerlo, inmiscuirnos en la profundidad acaso comprendiendo dos párrafos para así intuir, y sólo intuir, la complejidad. Y en cuanto al arte, cierto que el arte por el arte también implica algo más: si no quieres expresar tus sentimientos, subrayando sólo la estética y la objetividad de tu arte, ya estás expresando una voluntad, la de distanciarte. Eso ya es un sentimiento, una actitud. La mayoría de los poetas modernistas, preocupados por la cadencia de la frase y la rima exacta, expresaban sus sentimientos o planteaban historias vía símbolos. Recordemos a Rubén Darío y a su clásico Margarita Gautier, cómo en un poema es capaz de captar una tragedia. “Tus labios escarlata de púrpura maldita…” es una imagen, estéticamente extrema, pero no sólo eso. Con los modernistas en la literatura y en casi todas las vanguardias en la plástica, especialmente el fauvismo y el conjunto de post impresionistas, se expresa el artista con los colores o las metáforas. El amarillo que vemos en el Cristo de Gauguin significaba mucho más para él. En general, la felicidad. Pero, ¿qué felicidad quería inmortalizar en el amarillo? Cierta mañana luminosa en el pueblo, cierta conversación con cierta mujer simple en la campiña, etc.

Lo expresas magníficamente con “el placer espiritual de la simetría”. Es precisamente eso: espiritual. Simetría, caos, colores contrarios, delimitación con carbón, es igual. Cada uno le da un valor extraordinario a cada símbolo. Pero lógicamente hay símbolos y procesos más socorridos a lo largo de la Historia que otros, como han sido las Matemáticas en general y la Geometría y el Álgebra en particular, por el misterio de su origen que comporta, para aprehender lo que existe, para recrearse en alguna conexión extraña con la perfección o con nuestro interior o con nuestro pasado.

Una de mis aficiones es hacer collages. Para ello utilizo mayoritariamente fotografías de musas o scarlets. A veces me resulta imposible “destrozar” una foto, aunque sea para “crear” otra supuestamente mejor y con más significado, porque algunas imágenes tienen un significado alegórico, que te recuerdan a algo o simbolizan algo de tu vida o del mundo en general que te hacen conservarlas como si fuera un recuerdo o un mensaje íntimo.

El poema de Luis García Montero es un gran ejemplo de cómo los sucesos ordinarios y las imágenes normales cobran un significado especial que retratan toda la situación:

Señores pasajeros buenas tardes
y Nueva York al fondo todavía,
delicadas las torres de Manhattan
con la luz sumergida de una muchacha triste,
buenas tardes señores pasajeros,
mantendremos en vuelo doce mil pies de altura,
altos como su cuerpo en el pasillo
de la Universidad, una pregunta,
podría repetirme el título del libro,
cumpliendo normas internacionales,
las cuatro ventanillas de emergencia,
pero habrá que cenar, tal vez alguna copa,
casi vivir sin vínculo y sin límites,
modos de ver la noche y estar en los cristales
del alba, regresando,
y muchas otras noches regresando
bajo edificios de temblor acuático,
a una velocidad de novecientos
kilómetros, te dije
que nunca resistí las despedidas,
al aeropuerto no,
prefiero tu recuerdo por mi casa,
apoyado en el piano del Bar Andalucía,
bajo el cielo violeta
de los amaneceres de Manhattam,
igual que dos desnudos en penumbra
con Nueva York al fondo, todavía
al aeropuerto no,
rogamos hagan uso
del cinturón, no fumen
hasta que despeguemos,
cuiden que estén derechos los respaldos,
me tienes que llamar, de sus asientos.

Germánico dijo...

El ejemplo que pones de los libros de divulgación de física es atinado. La lectura de esos libros no le convierte a uno en físico, para ello son precisas matemáticas avanzadas y años de estudio, pero ayudan a "comprender" un poco más, en el sentido en que yo lo digo. Obviamente si uno quiere comprender en profundidad no tiene otra opción que aprender los métodos de esta ciencia. Porque uno dice: "bueno, sé que el sol es un producto de la gravedad en una masa enorme, pero ¿cómo podría demostrarlo, demostrármelo a mi mismo?: entonces tiene uno que saber cómo llegaron los físicos a este conocimiento, que no es simplemente intuitivo.

Un placer tenerte por aquí, Berti.