miércoles, julio 05, 2006

¿Ya no me quieres?

Después de soltarle la pregunta a bocajarro le miró a los ojos y descubrió en su mirada el engaño. Y calló. Como tantas otras veces lo había callado. Volvía a sentir esa sensación de sabiduría tonta, la misma que experimentaba cada vez que adivinaba que iba a hacer o decir antes de que siquiera él mismo lo hubiera pensado.

Desde el sofá del salón donde estaban sentados, con las miradas y los pensamientos fijos en ese televisor siempre encendido y que ahora escupía sin piedad las noticias de las nueve, se podía oír perfectamente a los niños en la cocina reclamando su cena, ajenos al íntimo desaliento que recorría toda su columna para acabar asentándose, como si de una enorme pesa se tratara, justo entre los omoplatos. Y como un mitológico Atlas se levantó, se arregló un poco el pelo y enderezó como pudo una sonrisa que no era otra cosa que un amago por perpetuar la impostura de una vida que un día creyó poder hacer distinta. Como el río cuando nace bravo y límpido y desconoce que su cauce ya fue trazado mucho tiempo atrás.

Así se sentía y así nunca demostraba sentirse, quien sabe por qué, quizás fuera por el temor a expresar abiertamente que había fracasado. Ya no podía distinguir si era una cuestión de orgullo o simplemente una mera necesidad de supervivencia. Al fin y al cabo, ¿Qué podría haber más allá de esta vida que le había tocado vivir? ¿No se volvería a encontrar una y otra vez con lo mismo? ¿En que momento se rompió la seda que les unía? ¿Cuándo abandonaron la lucha?

El cariño, eso es lo que ella más anhelaba, la intimidad de un amor desbocado que se cuece entre caricias y risas nerviosas que son fruto de la impaciencia y del temor por la remota posibilidad de despertar a los niños y ser sorprendidos en un acto que uno mismo volvió proscrito. Se preguntaba donde quedarían esos momentos cuando ella desapareciera, no estaba segura de que él los llegase a conservar en algún recodo de su memoria, y en el caso de que así fuera, tampoco alcanzaba a imaginar como los recordaría. Siempre tuvo la tentación de preguntárselo pero siempre encontraba algún obstáculo momentáneo que conseguía oportunamente retrasar ese momento.

Y ahora, mientras ven, en ese televisor siempre encendido, los cuerpos despedazados de otra gente y Matías Prats habla de atentados suicidas e inestabilidad política, le ha mirado a los ojos y le ha preguntado a bocajarro… ¿Ya no me quieres?

6 comentarios:

Pietrapomez dijo...

Bufff...no me extraña que alguien llorara cuando lo leyó, A mi me has dejado hecha polvo:
Supongo que ese tipo de preguntas (cómo me recordarás cuando ýa no esté, etc...) nos las hacemos todos en momentos de profunda autocompasión y ese estado (el de la autocompasión) es muy jodido.
Vamos, que se me ha quitado hasta el apetito

Germánico dijo...

Mira que te comes el tarro....¡Que sí, que sí te quiero!....

¿Cuantas veces te lo tendré que decir?.

Ijon Tichy dijo...

Hummmm, pues puede ser peor.

Normalmente la pregunta no es "¿Ya no me quieres?" sino "¿Porqué ya no me quieres?"

Lebeche dijo...

Hola Ijon:

Aprovecho para saludarte y darte la bienvenida al Blog. Si escribes algo más a menudo no tendremos esa sensación de ser tan sólo tres. Seremos cuatro + Batiola... que ya sabes que va por libre.

Ahora ya sólo nos queda convencer a germánico que borre todo lo relacionado con política. ¿Me ayudas?.

Un saludo

Germánico dijo...

¡Venga ya!.

A lo hecho pecho. Aunque de ahora en adelante ya veremos.

Ijon Tichy dijo...

Hola Canterano y gracias por la bienvenida.

Lo de pasarme por aquí, sí te lo puedo asegurar. Lo de la política, ya va a estar más complicado, jaja.