martes, octubre 31, 2006

Pintando en la eternidad

Mi hermana cumple hoy 40 años. La llamé para felicitarla y nos pusimos a recordar juntos, en ese estado de reflexión melancólico de quienes observan el caer otoñal de pasadas décadas, el cerrado y empaquetado de nuestra efímera historia en cubos perfectos de arista 10, antes de que sean expedidos al multidimensional y omnívoro agujero negro del tiempo perdido. Le pregunté por antiguas amistades, aquellas que tuvo en esa su rebelde y salvaje juventud, que tantos quebraderos de cabeza y angustias causó a nuestros padres.

-“¿Y M*, qué fue de él?”.

-“Pues creo que se ha muerto”.

-“¿Crees?”.

-“Un buen día dejó de responder al móvil. Y siempre le había rondado la idea del suicidio”.

-“¿Y no teníais amigos comunes, alguien que también le conociera y le frecuentara más a quien preguntar?”.

-“No. Nuestra amistad era muy individualista. Conocí a gente a través de él, pero superficialmente”.

M* había desaparecido sin dejar rastro. Era una parte de esos 40 años, un pedazo desgarrado de historia, un soplo de recuerdo, condenado a cadena perpetua en un cubo tirado al océano infinito de lo que ya fue y nunca volvería a ser.

M* era italiano y se dedicaba, aquí en España, a vender láminas al por mayor. En esas láminas estaban impresas pinturas de paisajes, animales, casas de pueblo....los eternos lugares del alma colectiva.

Recuerdo una canción que compuse cuando aún soñaba con dedicarme a la música y me dejaba vencer por el pesimismo más asfixiante, cuando, como diría Buda, el deseo era dolor:

Trate de eternizar tu mirada en el papel.

Tu nunca quisiste hablar sobre envejecer.

No acierto a comprender

Que hicimos para ser

Fantoches en la noche

Un esperpento cruel


En las paredes de muchas casas hay colgadas láminas que M* distribuyó. En la mente de muchas personas existe un recuerdo de M*.
Pero M* ahora es solo eso, representación en mentes que también perecerán, una imagen difusa, y en la mayoría de los casos con un protagonismo episódico leve que se va perdiendo poco a poco en una niebla espesa de aconteceres triviales.

Y también una parte ya cumplida del proceso que llevó a la observación de esas otras imágenes, ahora enmarcadas, pegadas o colgadas, que son solo parte del medio ambiente cultural de alguna otra vida condenada a muerte, una parte que ya probablemente haga solo de silencioso telón de fondo indiferente de alguna tragedia diferente.

También las láminas perderán su color y su forma. Su destino, si no las rompe el lloroso e irascible rapto de algún ser sufriente o el reciclado periódico de una estética doméstica, es una muerte más lenta, indolora, incolora. Ni siquiera el pintor podrá eternizarse en ellas. Ni siquiera el mar, ni los caballos, ni las casas de pueblo de un blanco calizo se eternizarán.

¿Cómo captar la esencia de un alma y pintarla en la eternidad?.

Feliz cumpleaños, hermana. Adiós M*.

6 comentarios:

Lebeche dijo...

La vida está llena de casualidades.

Recuerdo una noche de verano esperando impacientemente a que la Riviera abriera sus puertas para poder entrar al concierto de Van Morrison. Allí estabamos, la ahora cuarentona, su ahora marido y entonces novio y el eterno Jose apurando chusta. Apareció por allí M* impaciente y pasó a nuestro lado sin reparar en nuestra presencia. Una muchacha cerca de nosotros se empeñaba en regatear las 8.000 pelas que el reventa le quería cobrar por una entrada. M* se aproximo sin dudas, puso las 8.000 pelas en manos de tipo y cogió la última entrada de sus manos sin darle tiempo a chistar, ante la mirada atónita de la muchacha que se quedó, como dicen algunos, viéndolas venir. Así es M*. Descojono general y saludos efusivos.

Como M* venía sólo se unió al jolgorio general y pasamos juntos una animada velada. Si no me equivoco fue la última vez que nuestra hermana le vio. Una lástima.

No creo que esté criando malvas. Sinceramente, no me lo imagino suicidándose. Es un vividor y un superviviente.

Felicidades a la Chusi.

Germánico dijo...

Has reflejado un aspecto de su personalidad fundamental. En mi post no se puede siquiera entrever (parece, de hecho, que hablo de un comerciante aburrido rodeado de láminas y haciendo cuentas).

Efectivamente así era M* con el dinero, y así era como persona. Pero siendo tan vital también le encaja el suicidio. M* no quería envejecer.

m dijo...

¡¡¡¡que soy yo!!!!

Germánico dijo...

¿28 años?

¿Liberad a Willy II?

¿Porriño?

Ah ja ja ja ja ja ja

M*, si eres tú....¡manifiéstate!, ¡Danos una prueba!. Mándanos una foto tuya al lado de una de tus laminas inconfundibles.

Peggy dijo...

Bonito post ....el paso del tiempo , no perdona ...a mi antes me preocupaba , cuando era mas joven , pensaba que la edad y los años eran muy importantes ....en realidad la experiencia te hace ver que lo importante vivido ....lo hecho ....lo actuado ...lo aprendido , independientemente de la edad :)

Germánico dijo...

Con el tiempo uno no sólo adquiere más experiencia y sabiduría, también se vuelve más reposado. Esto, naturalmente, tiene sus dos caras, una buena y otra mala. aunque a la hora de mirar a la muerte es sobre todo positivo.