viernes, junio 15, 2007

Compulsión

Pulsó nuevamente el botón del ratón para actualizar el correo. Nada. No recibía respuestas. Había enviado un email masivo con un enlace a su blog, lugar en el que exponía sus puntos de vista, y a nadie parecía importarle. Imaginó las risas de alguno de ellos al leerle, y la indiferencia con la que cerrarían el correo sin pinchar en su link. Imaginó también cómo otros borrarían el correo sin tan siquiera abrirlo. Imaginó que algunos leerían el correo, abrirían la web, leerían un par de líneas y después cerrarían todo para dedicarse a otros menesteres, quizá dejando lo suyo para más adelante, que a la postre sería nunca.

Estaba desesperado. Ya habían pasado 6 horas y ahí seguía, frente a la pantalla del ordenador, pulsando cada poco tiempo el icono de “actualizar” en el correo y en la web. Estaba atado por hilos invisibles a esa silla ergonómica, pero en tal posición que de poco servía la calidad del asiento.

Tras una de sus muchas presiones digitales sobre el botón apareció un correo en la bandeja: era correo basura sobre cómo aumentar el tamaño del miembro viril. Lo eliminó rápidamente. Poco después apareció un comment en su página. Lo abrió nerviosamente. Un mensaje en inglés escueto y bobo con un enlace a otra web. No tenía nada que ver con sus palabras, era un mensaje basura.

Estaba tan absorto en la pantalla que no se dio cuenta de que su jefe se le acercaba por detrás.

-“¿Se puede saber que está haciendo?”- retumbó esa voz a sus espaldas- “¿En eso sigue empleando su tiempo, por el que le pago?”.

Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. ¡Que pillada!.

No sabía que decir, no había explicación ni excusa posibles. Había dejado de lado el trabajo del día y se había dedicado a esa estéril espera, tenso, agobiado, ansioso, idiotizado, y, como guinda de la tarta, el jefe le había pillado in fraganti.

-“Recoja sus cosas, está despedido”.

Aquello, pese a ser tan irremediable y a todas luces tan justo, después de tantos avisos, hizo que le hirviera la sangre, despertó en él una ira primitiva, ancestral, que no necesitaba de razones, ni de llevar la razón, para manifestarse. Se levantó de golpe de su asiento y se abalanzó sobre su jefe, un cincuentón bajito y regordete. El horror en los ojos del hombre se transformó en mirada perdida en el infinito mientras moría estrangulado. Antonio se relajó y soltó a su víctima. No había nadie en aquella oficina a esas horas excepto ellos dos. Era un sofocante día de verano y estaba empapado en sudor y muerto de sed. Bajó a la calle y se dirigió al bar más cercano. Se sentó en la barra y sacó la cartera, que manoseó mientras ojeaba los billetes que contenía.

-“Una jarra de cerveza bien grande y fría, por favor”, dijo al aire, sin mirar al camarero.

Iba a gastar sus últimos billetes y a esperar sentado, en este o en otro bar, acaso en una pensión, tumbado, durmiendo la mona, hasta que la policía fuera a detenerlo. No tenía otros horizontes.

7 comentarios:

Ijon Tichy dijo...

Jejeje. Nos abstendremos de preguntar si es un relato autobiográfico.

Aunque, ya en serio, es verdad que la comunicación en la red puede tener un punto adictivo que seguramente a todos nos ha afectado en alguna ocasión.

Supongo que no es preocupante siempre que no vaya a más (y siempre que uno no tenga un jefe-espía).

Germánico dijo...

Es autobiográfico, pero no hay ningún bar cerca y no sé dónde meter el cadáver.

Carlos Paredes Leví dijo...

Tras leerlo, no pude menos que recordar la película "Un día de furia". Hay un punto de inflexión, que traspasado, nos convertimos en otro ¿o en nosotros mismos?.
Todavía estoy sonriendo.

Germánico dijo...

Antonio alcanza ese punto crítico tras ver frustradas reiteradamente sus impacientes intentonas de actualizar su nada. Necesita una aprobación que le venga de fuera para ser alguien. Es una compulsión con forma humana que pulsa y pulsa en un ritual estéril. Está encerrado en un círculo vicioso. La desaprobación de su jefe le pone ante la realidad. Él no es más que un mal profesional y una persona incapaz de comunicarse de forma natural con los demás, o de actuar en el mundo sin entregarse a excesos. Eso le produce un cortocircuito y la paga con quien le puso el espejo delante. Luego se va a hacer lo único que sabe.....entregarse a la autodestrucción en forma de otra compulsión, esta alcohólica.

Carlos Paredes Leví dijo...

también le habría podido dar por comer....

Bern dijo...

Gérmanico, lo dicho no preguntaremos por la "realidad" del relato, pero por si sirve de algo... Me ha gustado!! no lo mates, por favor!! Menos mal que lo tuyo es irresistible fantasia, y que en el mundo real no se te va tanto el panchito, ¿para eso escribes el blog, no?
Un abrazo.

Germánico dijo...

O también por ir de putas, o al Casino, Carlos. Las personalidades compulsivas y adictivas son así.

Gracias Bern, con el blog salgo un poco de la cotidianidad. Es una ventana a otra dimensión.