viernes, octubre 12, 2007

jueves, octubre 11, 2007

Stephen Jay Gould

Tenía yo ciertos prejuicios acerca del malogrado Stephen Jay Gould, debo confesarlo. Pero una forma de superar o confirmar los prejuicios es el conocimiento de su objeto, en este caso del sujeto. He leído ya algunas cosas suyas y me alegra decir que he superado los prejuicios. Siempre es estimulante descubrir que uno se equivocaba, sobre todo cuando aquel o aquello sobre lo que se equivocaba eran lo suficientemente meritorios o importantes para que dicha equivocación constituyese el doble error de ser injustificada e injusta.

Me he adherido a las ideas de Pinker sobre la Tabla Rasa con pasión, y esto me ha cegado en ocasiones ante panorámicas, perspectivas y paisajes bellos, verdaderos y honestos. Si separamos el grano de la paja resulta que mucho de lo que pensaron y expresaron algunos hombres es interesante, profundo y conmovedor, aparte de razonable y, en gran medida, cierto, a pesar de sus errores.
La elegancia con la que Gould, hombre de izquierdas, trata a Walcott, un geólogo-paleontólogo americano de corte liberal-conservador, descubridor del yacimiento Cámbrico de Burgess Shale, es digna de elogio. Critica con habilidad sus ideas y sus comportamientos como conservador, sin caer en un discurso progre barato. Gould va más allá de los tópicos políticos maniqueos de siempre, y penetra en el sustrato de valores del hombre objeto de análisis para explicar sus conclusiones como científico. De él y sus maneras debiéramos aprender todos, progres, liberales o conservadores, cientifistas ateos o creyentes, y todas las partes enfrentadas, con más o menos razón, con más o menos visceralidad, con más o menos ecuanimidad, en las grandes cuestiones económicas, políticas, científicas, sociológicas, religiosas, culturales, etc etc.
Por supuesto no creo que estuviera necesariamente en lo cierto sobre el personaje del que habla y sus ideas, y aquí no voy a entrar en ese asunto, en parte por desconocimiento y en parte por falta de un grosero asidero en las palabras de Gould, pero su argumentación es impecable, tanto lógica como estéticamente, además de sutilísima, y me mueve a seguir leyéndole con ilusión, buscando nuevas perlas literarias y filosóficas de su creación.
De todos los pasajes de su maravillosa “Vida Maravillosa” me he quedado con uno, relativo a un tema que últimamente tratamos mucho Memetic Warrior y yo. Dice así:
La mayoría de nosotros no somos lo suficientemente ingenuos para creer en el viejo mito de que los científicos son dechados de objetividad desprovista de prejuicios, igualmente abiertos a todas las posibilidades, que sólo llegan a conclusiones mediante el peso de la evidencia y la lógica del argumento. Comprendemos que los prejuicios, las preferencias, los valores sociales y las actitudes psicológicas desempeñan un importante papel en el proceso del descubrimiento. Sin embargo, no debemos dejarnos llevar al extremo opuesto de cinismo completo: la opinión de que la evidencia objetiva no desempeña ningún papel, de que las percepciones de la verdad son completamente relativas, y que las conclusiones científicas no son más que otra forma de preferencia estética. La ciencia, tal como se practica actualmente, es un diálogo complejo entre los datos y las ideas preconcebidas”.
Otro de los puntos que me gusta de Gould, que critica Dawkins (que podría tomar nota de lo antedicho) en su obsesivo Espejismo de Dios, es la defensa de la independencia entre ciencia y fe. Gould, más creyente en la evolución que en las divinidades, es pese a ello enormemente respetuoso con las creencias de los demás, y desea que lo sean con las suyas, por ello establece el principio filosófico del doble magisterio para cuestiones de fe y de ciencia. No es sólo una argucia defensiva, es también una postura liberal. Lo liberal, bien pensado, es defensivo.
También son destacables sus ideas de contingencia frente al progreso, para la evolución, y de ciencias históricas (que tratan acontecimientos únicos, sumamente complejos e irrepetibles) frente a las puramente experimentales y predictivas. Un poco marxista, pero todo ello sin que sus dicotomías sean tajantes.
Ahora estoy con su, espero no falsa, “Falsa medida del hombre”. Aquí podré encontrar más claras sus ideas acerca de naturaleza y crianza, y valorarlas desde mi perspectiva más bien innatista. Dadas las circunstancias me atrevo a decir que seguiremos informando. Indagaré silenciosa, circunspecta y quizá un poco malévolamente en su obra para ver si doy con algún punto que me desagrade y pueda “censurar”. Hasta ahora nada, todo lo contrario. Espero encontrar, eso sí, alguna crítica constructiva acerca de la influencia de las preconcepciones de izquierdas en los resultados de los trabajos “científicos”. ¿Seré un ingenuo?.

martes, octubre 09, 2007

El precio del altruismo

El sacrificio es inherente al altruismo. No cabe concebir un acto altruista que no lleve aparejada una renuncia o una pérdida. Cuanto mayores son estas mayor el altruismo. Por eso resultan tan desagradables a nuestro gusto moral instintivo ciertas manifestaciones puramente verbales de generosidad. Y más si estas conllevan que el sacrificio se hace recaer sobre terceros. No otra cosa es lo que hacen los líderes políticos demagógicos (generalmente sociatas): prometen actos altruistas con bienes y fondos obtenidos coercitivamente de otros.

Pero entre el extremo del acto altruista por excelencia, la muerte por otra persona, y el contrario de la pura palabrería y la generosidad a costa ajena, hay una amplia gama de comportamientos un poco egoísta y un poco altruistas que merecen un análisis.

Prácticamente siempre que damos lo hacemos con la expectativa de recibir. El intercambio no tiene porque ser en los mismos términos ni en el mismo tiempo. Ni el crédito ni el dinero lo inventaron los bancos. Siempre ha habido en todo intercambio de favores expectativas, pagos diferidos, cobros anticipados y desigualdad cualitativa de lo entregado y lo recibido (aunque cuantitativamente se hayan intentado igualar).

Cuando damos algo “sin esperar nada a cambio” es porque no valoramos en nada lo que damos ni a quien lo damos ni a quien nos mira cómo damos. Y a eso se le llama desprecio. Sencillamente, algo se cae de nuestra mano y otra lo recoge.

No debemos cegarnos con la remuneración a corto plazo, ni con que sea en los mismos términos, ni tampoco con que nos la proporcione aquel a quien le hemos dado. Incluso si solamente diéramos porque nos produce placer dar, ya estaríamos obteniendo una gratificación de nuestro sistema de recompensa interno. Pero en esto hay una contradicción: nuestro sistema de recompensa interno es egoísta y responde a aquellos actos que benefician nuestra supervivencia y la de nuestros genes. Si nos recompensa no está diciendo, a su manera, que somos egoístas, y esto apunta a nuestros actos y quizá a expectativas no conscientes.

Volviendo a los costes del altruismo, nos podemos hacer una reflexión acerca de nuestras generosidades diarias.

Dar algo cuyo valor es pequeño para nosotros y elevado para otros resulta ser un acto de “generosidad” muy bien remunerado socialmente. Uno adquiere prestigio como “dador”, como proveedor. Si somos capaces de ocultar el poco aprecio que nos merece lo que entregamos pareceremos aún más excelentes y seremos aún mejor recompensados con el aprecio de quienes reciben y quienes nos ven dar. Uno puede jugar a un juego aún más sutil: puede dar y ocultar no sólo el poco valor de lo que da, sino además que está dando. Al final alguien se entera y el prestigio que obtenemos es mucho mayor, aunque lo sea para un círculo más reducido, porque nuestra generosidad parece auténtica, y no nacida de un deseo de obtener fama y poder.

Aunque no siempre se entregan cosas de poco valor relativo. Demasiadas veces tenemos que asumir pérdidas, tenemos que hacer renuncias, para obtener lo que queremos. Los caminos del señor son retorcidos. Como animales capaces de planificación interponemos una escalera de medios para ascender a nuestros fines, y no siempre calculamos correctamente las proporciones de las escalas, cayendo al vacío en más de una ocasión. Y como planificadores sociales, es decir, siendo simultáneamente planificadores y miembros de una sociedad, que es nuestro ambiente, hemos de emplear a otras personas como medios y no, como dijera Kant, como fines en sí mismos. En el juego social se buscan aliados y colaboradores, amigos y simpatizantes, o, dicho en la acepción amplia y original del término romano: “clientes”. Podemos decir que son fines en sí mismos, ciertamente, y podemos sentirlo así. Pero subterráneamente operan esos otros fines, esos fines últimos de la biología.

Poner medios es asumir costes. Los medios nunca son gratuitos. A todos se les tiene que remunerar de una u otra manera. Esto supone anticipar, renunciar, perder.

Lo ideal sería tener billetes de Monopoly expedidos por algún banco central amigo con los que pagar a todos por sus favores, por su “papel” de medios. Así se pagaría un “papel” valioso con otro sin valor. Pero existe eso que se llama inflación, fenómeno que, si lo miramos en profundidad, va más allá del dinero y tiene que ver con valores relativos. Este hace imposible este tipo de trampa a medio plazo.

Siempre que damos tenemos que procurar reducir al mínimo el valor subjetivo (se entiende, para nosotros) de la composición del paquete entregado. Así nuestra pérdida y/o renuncia no es grande y nuestra ganancia potencial es, comparativamente, alta.

Un altruismo calculado puede obtener grandes beneficios, si este cálculo no se desvela. Lo ideal para que así sea es que ni siquiera quien calcula sepa que lo está haciendo. Y así ocurre casi siempre. El cálculo es básicamente inconsciente y ponderador, no consciente y con cantidades exactas. De los favores hechos no se recibirá casi nunca una respuesta proporcional: muchos devolverán mucho menos de lo recibido, otros tantos nada. Pero los habrá que devuelvan por encima de lo que recibieron y por la ley de los grandes números cuantos más reciban nuestros favores u observen como los hacemos mayor será la probabilidad de que seamos recompensados más que proporcionalmente.

Algo que repugna de la economía es que los cálculos se explicitan. Esto la hace parecer menos “humana”. Y en cierto sentido es así, puesto que esa clase de cálculos surgieron como mecanismo en gran medida inconsciente, y explicitarlos los desnaturaliza, aunque pudiera mejorarlos en cuanto a exactitud.

La mayoría de nosotros no ha entregado su vida a una “causa” o por otra persona. Nos gusta jactarnos de que lo haríamos, si se diera la circunstancia, pero nadie desea que esta se de y ver sometida de esta manera a prueba su presunción. Si nos dicen que por 1 euro al mes damos de comer y vestimos a un niño del Congo podemos sentirnos altruista entregando esa pequeña cantidad, que para nosotros nada representa y para el congoleño supone la diferencia entre pasar hambre y estar tirado o comer y a resguardo. Pero ese altruismo es una ficción. No es verdadero altruismo, si nos atenemos a lo dicho al principio. El sacrificio hecho es ridículo. 1 euro al mes no es una pérdida que nos quite el sueño. Tampoco el coste de oportunidad (el precio) es elevado. Renunciaríamos, en todo caso, a una coca cola.

Muchos se siente generosos con actos de entrega de este estilo, y acudiendo a reuniones en las que algún orador habla de salvar a la humanidad de sí misma. Pero luego pueden ser pésimas parejas, pésimos hijos y padres, malos deudores, malos acreedores, despilfarradores, poco serios, malos, malos, malos.

Y luego llega algún payaso demagogo y dice que tenemos que dar un 0,7% del PIB al tercer mundo porque no es nada para la sociedad. Es como 1 eurillo de nuestro bolsillo (o menos), pagado por todos. Pero no nos vayamos a quienes pasan hambre que la sensibilidad se pone a flor de piel y es entendible. Pensemos en todas esa cosas que solo suponen 1 eurillo de nuestro dinero, como que hay que proteger la cultura propia (por ejemplo el cine), o fomentar tal o cual actividad lúdica. Pero eso no es altruismo, tampoco. Eso es ROBAR a quien produce la riqueza para proclamarse generoso sin pagar el precio del altruismo. Estas cosas solamente pueden pasar en sociedades como la actual, en la que las transacciones son tantas, por tantas vías, imbricadas en una red tan compleja y camufladas por el “papel” del dinero que, sencillamente, es difícil distinguir, sin un mínimo conocimiento de cómo funcionan la sociedad y la economía, o sin una psicología muy fina, a los embaucadores de las personas decentes.

Un método que se revela bueno casi siempre para establecer esta distinción es el de la mención de los costes. Quien quiere engañarnos los pasará por alto, los negará, los rebajará, los tergiversará. Incidirán una y otra vez en los beneficios, en el bien que causará tal o cual acción (casi nunca los beneficios serán los prometidos ni lo serán para los supuestos receptores de los mismos, pero este es otro asunto para tratar en otro lugar y ocasión).

¿Y dónde queda el altruismo después de esto, se preguntarán algunos?. ¿Es que acaso vale tanto el comportamiento de un perfecto egoísta egocéntrico que el de alguien que se da a los demás sin pedir nada a cambio?. Pero estas preguntas no tienen sentido si se comprende el problema en profundidad. En nuestra vida tendemos a apreciar a aquellos que nos favorecen y nos tratan bien. Que quien tenga un comportamiento así lo haga por motivaciones más o menos egoístas (visto superficialmente) o enteramente egoístas (si lo analizamos desde una perspectiva biológica), no cambia en absoluto nuestro sentimiento de gratitud, pues este es también natural, nos sale sin demasiados cálculos conscientes previos.

Así pues podemos seguir –y seguiremos- nuestra comedia y nuestra tragedia de intercambios, filias y fobias con naturalidad, y saber estas cosas, o percibir las cosas de esta manera, de forma racional, no cambiará nada. Porque la vida va mucho más deprisa que nuestro intelecto.

viernes, octubre 05, 2007

Energía solar para dummies y Menestros de Industria(I). Potencia y Energía




Hace unos días pudimos ver una noticia relativa a la enésima petición por parte de los mandos de grandes empresas europeas del sector energético para abrir de una vez y seriamente el debate sobre el futuro de la industria nuclear.
Podemos ver la reseña de la misma gracias a uno de los blogs de e-pesimo. El motivo inicial de la reunión era homenajear a la fallecida Loyola de Palacio. Llama la atención en primer lugar, por lo acertado de la misma, la frase de Loyola que citó la presidenta de Areva: "...(en el sector energético) la energía nuclear no es la solución, pero no hay solución sin energía nuclear".
Como no podía ser de otra forma el prestigioso menestro sr. Clos, basándose sin duda en sus vastos conocimientos, su dilatada experiencia y su fina intuición arrojó un jarro de agua fría sobre las expectativas de la gente sensata allí reunida negando nuevamente la posibilidad de aumentar el parque de generación nuclear. Aprovechó para lanzar la primicia de que iban a aumentar el cupo previsto para el 2.010 de generación de electricidad mediante energía solar (en el RD 661 de mayo pasado se fijaba un tope de 371 MW para la fotovoltaica y 500 MW para la solar termoeléctrica) ampliando el objetivo hasta 1.200 MW. En este punto de la noticia viene la simpática coletilla que apunta "...y espera que, en 2010, se generen ya por esta vía 1.200 megavatios, por encima, por ejemplo de la central nuclear de Trillo". No sé si tal afirmación es de la cosecha del propio menestro o del periodista (que tampoco sería de extrañar), pero viene bien para explicar la diferencia entre los conceptos de "potencia" y energía", que con tanta frecuencia se confunden al hablar de estas cuestiones.
Hago un inciso para apuntar que en realidad todo esto se estudia (en fin, quiero decir que se estudiaba) en el bachillerato y sin duda los inteligentes y formados lectores que pasan por aquí lo conocen de sobra. No obstante, sea para refrescar conocimientos, sea para ampliarlos, vamos a ello:
La energía, medida en el Sistema Internacional de unidades en Julios (J), es una magnitud absoluta, independiente del tiempo. Por ello, cuando se habla de la energía producida por una central, si se quiere ser no ya preciso sino coherente, es imprescindible añadir una referencia temporal. Es decir, se debe indicar "tal central ha generado la cantidad X de energía en un año (o en un día o en segundo)". Si no se aclara esto, la trampa es evidente, una central pequeña puede generar la misma cantidad de energía que una grande ..... a base de trabajar más tiempo.

La potencia en cambio, lleva implícito el factor temporal. Su unidad es el Watio (W) que es la potencia necesaria para generar un Julio en un segundo (W = J/s). Como el Watio es una magnitud pequeña, se suele hablar de miles de Watios (kilowatios = kW) o de millones de Watios (Megawatios = MW). A menudo veréis escrito (en periódicos de forma confusa, en vuestro recibo de la luz de forma exacta) la unidad kWh (kilowatiohora). Bien, pues el kilowatiohora no es una unidad de potencia sino una unidad de energía, y se corresponde con la cantidad de energía generada (o consumida) por una central (o por un consumidor) en una hora.
Por ello, y según anticipábamos arriba, decir que has consumido (o generado) 300 kWh (recordemos, hablamos de energía), así sin más, no es decir mucho si no ponemos marco temporal. Por ejemplo, "este mes en mi casa hemos consumido 300 kWh (300 kWh/mes)" es un consumo normal, pero podiais haber consumido esos mismos 300 kWh (esa misma energía) en un año y seriais unos tipos ahorradores o en un día y seriais unos derrochadores (como el ecolojeta Gore en su casa).
Volvamos a lo de arriba que ya me estoy explayando mucho y es viernes. Cuando se dice que en el 2.010 las centrales solares "generarán" lo mismo que Trillo, se dice una verdad a medias (o sea, una mentira de las peores).

El motivo es sencillo. La central nuclear de Trillo tiene una potencia nominal algo superior a 1.000 MW, es decir y aunque parezca de perogrullo, produce 1.000 MWh cada hora (1.000 MWh/h). Ahora bien (más perogrullo), los produce cada hora que funciona (que está en marcha). Como dicha central (como todas las nucleares) funciona casi todas las horas del año (aprox. entre un 94%, y un 97% dependiendo de los ciclos de recarga del combustible) y como el año tiene 8.760 horas (si alguien no sabe hacer el cálculo, que se afilie a las JJ. SS., que algo de sabiduría se le pegará), trabajando un 95% de las horas, la central de Trillo generará al año la bonita cifra de 8.322.000 MWh.
Ahora bien, esos 1.200 MW de potencia solar ¿producirán lo mismo que Trillo?. Pues hombre, aquí está la trampa, esa potencia es la potencia máxima de las placas solares, es decir, la que producirían en Julio, con el Lorenzo pegando en todo lo alto y la península libre de nubes. Para calcular la energía producida al año (MWh) tendremos pues que conocer cuantas horas se pueden obtener esos 1.200 MW, cuantas se producen menos (800 MW, 600 MW.....) y cuantas se produce NADA (esto es fácil, cada noche). Para el cálculo de las horas y potencias de radiación solar, que será traducida a kW eléctricos en las placas fotovoltaicas, existen diversas tablas y mediciones (incluso en la página web de la NASA están disponibles datos de radiación solar medidos por satélite para el mundo entero). Para la península ibérica, nos movemos entre las 1.700 y 1.900 horas equivalentes al año. Es decir, la producción total anual equivaldrá a trabajar una media de unas 1.800 horas a la potencia indicada de 1.200 MW. Usando la calculadora tenemos una producción anual de unos 2.160.000 MWh ¿Es eso "producir" lo mismo que Trillo? Ustedes mismos.
A primera vista, el lector inteligente se dará cuenta de lo que esto implica. Para producir al año la misma cantidad de energía, la potencia instalada en placas solares deberá ser unas cuatro veces superior a la potencia instalada en centrales nucleares (o de gas o de carbón).

¿Os parece chungo? Bien, pues es aun peor. Resulta que tenemos la mala costumbre de consumir electricidad también por la noche, cuando está nublado, etc. Y asimismo resulta que la energía eléctrica tiene la mala leche de que no se puede almacenar (en baterías para el móvil, sí, pero a gran escala, es más complicado). Como la producción eléctrica debe adecuarse al consumo y a las placas solares les da por ponerse a funcionar (o pararse) a casi todas a la vez, resulta que tenemos un (otro) problema. Hay que transformar la energía solar en "algo" almacenable cuando las placas producen y tirar del almacén para volver a convertir ese "algo" en electricidad cuando de noche las placas estén a régimen cero zapatero y nos dé por levantarnos a hacer pipí.
Una solución de futuro sería transformar la electricidad en hidrógeno, almacenarlo y luego volver a producir electricidad de forma eficiente mediante las famosas pilas de combustible. Aparte del coste de inversión necesario, la pérdida de energía en el conjunto de transformaciones es elevada. La única opción hoy día para almacenar electricidad a gran escala son las centrales hidroeléctricas de bombeo (reversibles): Se dispone un embalse arriba y otro abajo, cuando se produce más electricidad de la consumida, la turbina hidráulica gira al revés, actúa como bomba, y envía agua del embalse más bajo al más alto. Cuando el consumo aumenta, el agua pasa del embalse de arriba al de abajo, generando electricidad en la turbina. El problema es que debido a las pérdidas por rozamiento en la tubería y la ineficiencia propia de la turbina tanto en el proceso de bombeo como en el inverso, resulta que en este proceso, casi la mitad de la energía se pierde.
Es decir, en un sistema con generación masiva de energía por centrales solares en el que la energía consumida por las noches debería almacenarse habría que generar casi un 50% más de la consumida para cubrir tanto dichos consumos como las pérdidas en los almacenamientos. Volviendo al ejemplo anterior, para compensar los 1.000 MW de Trillo, en realidad necesitamos unos 6.000 MW instalados de placas solares.
El lector avispado (y paciente) que llegue hasta aquí, comenzará a darse cuenta de las implicaciones (en pasta y en cantidad de placas solares necesarias) que tendría la sustitución de las malvadas centrales nucleares por simpáticas placas fotovoltaicas.

Si el tiempo y la autoridad (in)competente no lo impiden, profundizaremos en el asunto en otra ocasión.

miércoles, octubre 03, 2007

Black Hole Sun

La voz de la conciencia

¿En qué pensamos cuando nos hablan de la voz de la conciencia?: ¿en Pepito Grillo?, ¿En el Superyo freudiano?, ¿En un ángel subido al hombro derecho enfrentado en dialéctica maniquea a un demonio subido en el izquierdo?.

En el efervescente siglo XIX dos pensadores que no podían ser más diferentes, tanto por temperamento como por método, Darwin y Nietzsche, llegaron por distintas vías a la misma conclusión: lo más alto procede de lo más bajo. La evolución por selección natural es un proceso que hace posible lo que, de otra forma, parecería un salto inverosímil, y el análisis de los resortes de la moral lo hace visible. Para el filósofo alemán nuestras virtudes cívicas y éticas tenían tan humilde origen como nuestros propios vicios, mientras que para el naturalista inglés estas suponían una objeción a la idea del egoísmo en la naturaleza y la lucha por la vida.

La larga sombra de sus ideas se proyectó sobre el siglo XX, y las interpretaciones espurias se sucedieron con consecuencias funestas de inmoralismo y relativismo, que a su vez se tradujeron en actos y movimientos autodestructivos, tanto individuales como sociales.

Sin embargo los desarrollos posteriores de ambas líneas solamente podían darse en biología, el terreno de Darwin. El estudio de la moral desde una perspectiva filosófica necesitaba el apoyo de la observación y la experimentación, de la ciencia. Era necesario recabar información que validase o refutase las hipótesis, y ponerla a prueba. Con el estilo sentencioso de Nietzsche no se podía ir más allá de un corto aforismo, y la certidumbre basada en la intuición tenía que convertirse en verosimilitud apoyada en datos y hechos.

Autores como Haldane, Hamilton o Trivers fueron proponiendo mecanismos a través de los cuales pudiera evolucionar la moral. Se pasó de explicar esta en el ámbito de la familia a explicarla entre los conocidos y finalmente a abordar el aparente misterio del buen samaritano, del altruismo con perfectos extraños. Pero esto chocaba con -¡la moral dominante, que no admitía venir de abajo!. Más aún lo hacían los empeños de algunos biólogos como Edward O.Wilson por explicar la sociedad humana y los diversos comportamientos de sus miembros desde una perspectiva exclusiva o casi exclusivamente biológica, la Sociobiología. La Etología Humana de Eibl Eibesfeldt y la Psicología Evolucionista de Barkow, Tooby y Cosmides se han encontrado con enconados y apasionados opositores tanto en la opinión pública como dentro del más restringido campo de la ciencia.

Y llegados a este punto podríamos volver a Nietzsche y a su particular modo de enfocar las cosas. A la luz de las actuales evidencias sobre evolución y cerebro, que explican nuestros comportamientos de forma bastante plausible, tenemos que preguntarnos: ¿puede ser la moral algo externo a nosotros, o bien cultural o bien gravado a fuego en la eternidad?. Y la respuesta es no.

La moral es una herramienta cognitiva compartida (y no serviría de nada si no lo fuera, formando una red), con la que nos limitamos unos a otros, por nuestro propio bien y por el de la comunidad. Es importante destacar este doble ámbito de influencia: la moral nos ayuda como individuos y como grupo. Al individuo le permite ordenar su acción de forma que mejore sus posibilidades de supervivencia, especialmente dentro del grupo, y a la comunidad le permite mantener su integridad, reduciéndose los conflictos y fomentándose las acciones constructivas frente a las destructivas.

Por supuesto se cometen atrocidades en nombre de la moral, pero esto se debe a que esta evolucionó en animales medio gregarios medio individualistas, acostumbrados a grupos reducidos en los que todos se conocen. El extraño casi por definición es enemigo, y el cerebro no está diseñado para experimentar sentimientos positivos ante los desconocidos.

Por ello ir más allá del ámbito de la familia y allegados más próximos se hace solamente a base de abstracciones groseras y artificios sociales. Equipo de Fútbol, nación, compañeros de clase, amigos de la playa.....y los otros, en diverso grado según la distancia que les separe de nosotros.
La moral emana de nosotros, y sólo cuando en la cultura, tras sucesivas interacciones, se generan unos hábitos refrendados por la costumbre y unos códigos legales se llega a las categorías morales universales, que se pretenden gravadas a fuego en la eternidad. Frente a ellas se elevaron las voces de quienes, en nuestro tiempo de libertad y prosperidad, se rebelaron contra la rigidez de estas normas y la mojigatería a la que daban lugar. ¿Son universales?....¿No será que la moral, al ser creación nuestra, es algo que podemos cambiar radicalmente?. ¿No es la moral "establecida" un invento cultural, algo mamado desde la cuna, impuesto por una sociedad complaciente con sus propias mentiras?. ¿No vendrán los valores en los que creen los otros "de fuera", no nos los estarán imponiendo, pudiendo nosotros crear nuestra propia moral?. En este error cayó Nietzsche, y muchos otros pensadores y no tan pensadores le siguieron, como ya dije antes, con funestas consecuencias.
La moral no es algo escrito en las estrellas, sino en nuestro genes. Pero nuestro genes son egoístas. Por una primera, segunda, tercera o cuarta derivada se puede llegar a una moral depurada aparentemente desvinculada de sus humildes orígenes egoístas. Sobran los ejemplos y los mitos de los santos.

Decir que la moral está impresa en los genes egoístas es decir que la moral emana de nuestros imperativos y necesidades biológicos, no llueve desde divinas alturas (si lo hace es como la misma lluvia, después de haber ascendido desde los mares y los charcos).

Puede ser sancionada por la sociedad, y en el proceso metamorfoseada, pero ni es un contrato social ni viene de esta. Puede formar parte del entramado sobre el que construir cosmovisiones, pero no es más que un producto del aquí y el ahora, entendiendo estos como el aquí y ahora resultantes de una larga evolución biológica y social, como contraposición al más allá y la eternidad.
La voz de la conciencia es nuestra misma voz, que nos habla por dentro. En nuestro monólogo interior sopesamos los pros y los contras de cada acción potencial, miramos los fines desde la perspectiva de los medios de los que disponemos para satisfacerlos, y lo hacemos condicionados en todo momento por las emociones, resultantes de nuestra experiencia personal y de nuestro pasado evolutivo (una "especie" de experiencia de "especie"). La voz de la conciencia no viene de fuera, como no vienen de fuera las voces de los esquizofrénicos. No viene tampoco de un dios interior. Es solamente el resultado de una evaluación de circunstancias y situaciones sociales con porcentajes variables de emocionalidad y racionalidad. Esta voz se expresa por lo general a través del lenguaje. Esta red que es también como la moral, una herramienta cognitiva compartida, es perfecta para que penetren con ella en nosotros los valores e ideas de nuestros congéneres. Nuestro diálogo interior, realizado con el lenguaje de nuestra cultura, está hecho de memes, de trazas de otros cribadas por todos, de tópicos y prejuicios sólidamente establecidos en todas y cada una de las palabras.
Neil Carlson es de los neurocientíficos que creen que el lenguaje es, en alto grado, la sede de la conciencia. Al margen de los problemas que planteen a esta hipótesis los afásicos o quienes no desarrollaron por diversas causas el lenguaje, o el mentalés, podría decirse que la idea es verosímil. Los experimentos realizados por Gazzaniga con personas con el cerebro dividido ponían de manifiesto que solamente el hemisferio izquierdo (el del habla) daba explicaciones sobre lo que hace la persona. Gazzaniga lo llamó el "intérprete", dado que interpreta el comportamiento y trata de dar una explicación plausible del mismo. Así, una persona a cuyo hemisferio cerebral derecho (pero no al izquierdo) le había llegado la orden de salir de una habitación, tras levantarse y encaminarse a la puerta, al ser preguntado por la razón de su salida, explicaba, como intérprete (y para ello utilizaba el lenguaje, y el hemisferio izquierdo) que iba a por agua.
El Intérprete es la Voz de nuestra conciencia, entendiendo esta vez conciencia en el otro sentido que se da al término, refiriéndose a nuestra "sensación de estar ahí".

Así la voz de la conciencia podría ser la voz de la conciencia, es decir: nuestra moral podría ser el resultado de nuestro diálogo interior, entre nuestro superego lingüístico, racional y cultural y nuestra emociones que se expresan en mentalés, y nuestra consciencia el resultado de millones de años de evolución social y de desarrollo de la conciencia moral.
Pienso en el egoísmo recíproco. Si, no he confundido los términos. Tampoco es el opuesto al altruismo recíproco de Trivers. Es una idea que me ha venido a la cabeza en relación con este complejo asunto.

Las relaciones de pareja son una especie de contrato en el que se pacta tácitamente la colaboración, la ayuda mutua. Los límites de ese contrato no están fijados y han de establecerlo a cada paso dado en la vida conjuntamente los miembros de la pareja. Sus dos egoísmos chocan. Cada uno desea satisfacer sus impulsos y proyectos egoístas. Si ella le pide a él que le de un masaje en la espalda y a él no le apetece le podrá llamar egoísta. Pero él no es menos egoísta que ella en este caso, puesto que su egoísmo se niega a satisfacer -¡el egoísmo de ella!. En cuanto a proyectos egoístas pueden ser o no compatibles, y ello determina si la pareja se mantiene unida. Para quien egoístamente desea tener 3 hijos puede ser insufrible aquel que egoístamente desea no tener ninguno. Ambos se llamarán egoístas pero ninguno lo es más que el otro.

miércoles, septiembre 26, 2007

Ganarás el pan con el sudor de tu frente


¡A trabajar vagos!.

Mi padre me dice que las carreras universitarias sirven (o deben servir) más para estructurar la mente de una determinada manera que para aportar conocimientos específicos inmediatamente aplicables a una profesión. Si la carrera es exitosa será por tanto debido en mayor medida a que al estudiante le hayan enseñado a razonar de una determinada forma que a que le hayan transmitido múltiples conocimientos. El filósofo italiano Giambattista Vico decía que el conocimiento se adquiría haciendo. Así en las profesiones la experiencia es algo más que un grado. La formación universitaria ha de servir para preparar a los futuros profesionales a enfocar las realidades con las que tendrán que lidiar con la óptica adecuada, que, en un momento dado del tiempo es la del paradigma predominante en su área de conocimiento y especialización.

Por ejemplo en biología tenemos la teoría de la evolución y en economía los paradigmas neoclásico y liberal. Cuanto mayor es la especialización, es decir, cuanto menos generalista es el trabajo, más necesario es el conocimiento puro y duro y menos el enfoque. Pero en toda disciplina es precisa una perspectiva general que de coherencia a los hechos, que los sitúe en un contexto. El marco de referencia es imprescindible. Pensemos en el derecho: sin un conjunto de normas, sean estas escritas o establecidas por costumbre, por las que se garanticen los derechos individuales, que sirviesen de referencia obligada de las instituciones y poderes, limitándolos y de esta forma conformándolos, reinaría la arbitrariedad. Y hago bien en decir “reinaría”.

El ser humano no está preparado para un mundo caótico. Su mismo cerebro busca el orden en todas las cosas, y, a ser posible, la cosmovisión. A falta de pan buenas son tortas, y si no se tienen explicaciones completamente satisfactorias se usan sucedáneos. Nuestro afán de ver orden es debido a su utilidad en la lucha por la vida, pues busca orden quien crea orden. El lóbulo frontal, al que llaman sede de la civilización, que es lo que tenemos especialmente desarrollado, lo que nos hace humanos, es la fuente de la planificación, de la mirada puesta en el futuro, de lo mediato frente a lo inmediato, de la reflexión, de la paciencia, de la espera. Gracias a él somos constructores, manipuladores que utilizan herramientas complejas, sociales de una manera que supera el desparasitado, previsores, inversores y, por tanto, en un sentido estricto, capitalistas, al generar y acumular capital. La Civilización no se podría levantar sobre actos reflejos, sobre estímulos-respuestas y lucha/huída. La Civilización puede tener mucho de nuestro instinto, que se proyecta en nuestras instituciones, pero es también prueba de que ese instinto no se satisface directamente.

Las profesiones son una consecuencia de la división del trabajo, que es asimismo una consecuencia de la planificación que nos es propia. El hombre ha pasado, con el desarrollo de su lóbulo frontal, de repartir el alimento a repartir las tareas para lograr el alimento y de esto a repartir las tareas para mantener el entramado creado para crear y distribuir alimento y entretenimientos para el naciente ocio. La cúspide de esto está en la sociedad del conocimiento y los servicios. No puede haber desarrollo neurológico más exitoso desde el punto de vista evolutivo. Ningún otro animal nos hace sombra, y ello pese a que carecemos de garras, de dientes afilados, de movimientos rápidos, etc etc.

Muchos son los que sufren porque se sienten desvinculados de la naturaleza. Esto se debe a que no comprenden y no aceptan que la Civilización y todos sus artefactos y artificios son eso, naturaleza. Lo que le sucede a nuestra creación es que es indirecta y más compleja de lo que cada uno de nosotros individualmente puede llegar a abarcar con su mente, a entender cabalmente y a englobar en una cosmovisión satisfactoria. Por ello se crean sucedáneos espurios como la vuelta a la naturaleza ecologista, el mantenimiento a ultranza de valores e instituciones tribales caducas de los nacionalistas y fundamentalistas y la falacia comunal-estatal socialista. A falta de pan buenas son tortas. Nos quedamos sin el pan que proporciona el capitalismo y acabamos a tortas....

El cerebro humano es un producto de la evolución biológica y, como tal, está adaptado a un entorno dado. Ese entorno quedó aparcado en Africa (o en algún otro lugar, eso es lo de menos), y el rápido desarrollo de la Civilización ha creado uno nuevo completamente distinto, que, por ser creado y seguir siendo creado por la sinergia de cerebros humanos intercomunicados e interaccionantes y ser mamado desde la cuna, es hasta cierto punto cómodo y aceptable. Pero nos falta algo. Sentimos la “llamada de la Selva” o, sería mejor decir la “llamada de la Sabana”, y tanto más cuanto más ocio hemos creado, mayor es el período de nuestra neotenia empleado en el aprendizaje de la cultura y mayores son por tanto los medios que nos separan de los fines.
Preferiríamos formar parte de grupos humanos más reducidos, tener un entorno más verde, ver menos artefactos alrededor, recorrer las distancias a pie y un largo etcétera de todas aquellas cosas que eran satisfactorias en nuestro remoto pasado. Pero todo ello supone una memoria “filogenética” selectiva, puesto que ahora no estamos expuestos a los males y la escasez de entonces, y creo que nadie podría sentir nostalgia de ello. Tenemos que seguir avanzando en la Civilización, seguir poniendo medios para eliminar o reducir la escasez, las enfermedades, los peligros varios del ambiente, seguir capitalizando. Estos males en su conjunto nunca desaparecen del todo, simplemente se mantienen apartados por un esfuerzo continuado pero bien distribuido entre todos nosotros. Y en el camino civilizatorio quizá podamos, poco a poco, rodearnos de aquello que nos gusta, que siempre nos gustó, de la naturaleza virgen, de la naturaleza no convertida en medio para satisfacer la naturaleza humana....o, mejor sería decir: de la naturaleza virgen convertida en medio para satisfacer nuestra sed de naturaleza virgen. Y de paso disfrutar de los bienes de la Civilización y de la tecnología.

Además: ¿no satisface también nuestra especial naturaleza el poner medios para lograr fines?. Esto se constata cuando uno no lo hace, que se siente cerdo, vacío, aburrido, fracasado, necio, mal....inadaptado ya no solo a su ambiente social sino a sus propios imperativos internos.

“Frugalidad y laboriosidad”, como decía Franklin....¡y como demandan nuestro cerebro y el mantenimiento y mejora de la Civilización!.

martes, septiembre 25, 2007

Corazón partío


Cuando Shannon Moffett fue a entrevistar a Francis Crick a su casa para su libro sobre el enigma del cerebro ya había sido puesta sobre aviso acerca de la especial manía que el Premio Nobel tenía a la gente pedante, que trataba de pasar por culta. Así, al ser preguntada por Crick acerca de la influencia que Aristóteles tenía en el mundo de hoy se vio ligeramente apurada, y salió del paso como pudo.

Ciertamente es difícil seguir todos y cada uno de los rayos que desprendió ese sol aristotélico sobre la humanidad, y sus proyecciones en el presente. Con el ocaso del Medioevo llegó también el ocaso para esta estrella en muchas de sus brillantes concepciones. Su física, su biología, fueron desafiadas. Ya nunca se recuperarían de los sucesivos golpes que fueron recibiendo. Pero el lenguaje, en tantos sentidos innovador, es para algunas cosas sumamente conservador. Algunos giros y metáforas se mantienen durante decenas, cientos e incluso miles de años, mucho tiempo después de haber perdido su sentido y su significado originarios. Los antropólogos hablan de survivals cuando se refieren a rituales y costumbres que perviven tiempo después de haber desaparecido su razón de ser. En el lenguaje perduran las huellas del pasado. Es a un tiempo una construcción reciente y las ruinas sobre la que se asienta. Tiene tantos sustratos como una excavación paleontológica y como su propia base neurológica, el cerebro. Y es que la evolución, sea con genes o con memes, sea de los organismos o de las palabras, es a un tiempo conservadora e innovadora, y construye sobre lo que ya hay, exactamente por la misma razón que una carretera debe repararse si detener el tráfico. Así Aristóteles nos sigue hablando a través de los siglos sobre la sede del alma, y Crick, que estaba embarcado la busqueda científica de esta, lo notó particularmente.

Para Aristóteles el alma estaba en el corazón, siendo el cerebro no más que un refrigerador para la sangre del cuerpo. Su teoría ha sido ya refutada una y otra vez, pero todos seguimos ubicando en el corazón un pedazo de nuestro yo, todos seguimos diciendo que algo se hace “de corazón”, que tenemos un “pálpito” y cosas similares. Parece que la parte del alma que situamos en esa bomba muscular es la más importante: los sentimientos. Aunque ahora solo lo hagamos en el lenguaje.

Si alguien nos hace sufrir por amor decimos que nos rompe el corazón. El corazón queda “partío” por el mal de amores, en palabras emotivamente cantadas por Alejandro Sanz (supongo que sus emociones están más en sintonía con la música que con el dolor del alma por la pérdida de alguna mujer). Pero el corazón no siente, solo late sincrónicamente siguiendo las órdenes de nuestro cerebro inconsciente y reptiliano. Lo único divisible es el alma, la mente, la consciencia, el yo. Esto se puede comprobar en todos los casos de disociaciones de la personalidad patológicas. No se trata únicamente de las personas que poseen múltiples personalidades. También deben incluirse los esquizofrénicos (el propio término esquizofrenia alude a la división de la mente). Estas personas pueden oír voces y tener otros tipos de alucinación. Viven en un mundo extraño que tiene partes “reales” y partes creadas por completo por su propia psique. Por supuesto al entrecomillar “reales” lo hago con un motivo: el mundo percibido es para todos sin excepción una creación del cerebro, si bien en los esquizofrénicos parece que la creación es excesiva y se desvía de la norma y de la funcionalidad biológicas y sociales. A veces sienten como si se les disolviese el yo.

Todos los que tienen alguna dolencia del cerebro tienen el alma en cierto sentido partida. Muy destacable es el caso de quienes, tras sufrir una apoplejía o un golpe en la cabeza, tiene daño en el lóbulo parietal derecho. Estos padecen negligencia unilateral, es decir, una incapacidad para reconocer aquellas cosas que se encuentran a su izquierda, incluido su propio cuerpo. La visión ciega, otro mal del alma, pone de manifiesto cómo una persona puede ver y no ser consciente de que está viendo. Esto se debe a que su corteza visual ha sido dañada pero las vías de procesamiento de información visual que llegan hasta ella permanecen indemnes, realizando su labor en silencio. Así, el vidente ciego, puede esquivar obstáculos, agarrar objetos y seguir su trayectoria, sin ser consciente de ello. También tenemos esas almas cándidas y perdidas cual islas en un océano de ignorancia que son aquellos que han sufrido daños bilaterales en el hipocampo. Sencillamente son incapaces de crear recuerdos. Padecen lo que se da en llamar amnesia anterógrada. No consolidan recuerdos, y no guardan más que a cortísimo plazo sus vivencias. Conservan, eso sí, un circuito de recuerdo emocional. Esto lo puso de manifiesto un médico francés de cuyo nombre no logro acordarme que trató a una paciente con este tipo de amnesia. Cada vez que la veía tenía que repetir el tedioso ritual de presentarse, pues ella lo había olvidado de las veces anteriores. Un día decidió darle la mano con una chincheta escondida. Al estrechársela se la clavó y la paciente retiró la mano dolida. El caso es que en posteriores presentaciones ella seguía sin recordarle pero se negaba a darle la mano.

Por último podríamos hablar de los casos de cerebro dividido. Han ayudado mucho a la investigación pero son más bien raros, puesto que se deben a una escisión quirúrgica del cerebro que dejó de practicarse. Esta se realizaba para impedir la expansión de la epilepsia (en casos muy graves de este mal) a través del cuerpo calloso, haz de axones que conecta ambos hemisferios. Las personas que habían sido operadas de esta forma tenían literalmente dos cerebros que actuaban independientemente. Como cada hemisferio cerebral controla las extremidades contralaterales (esto es, el hemisferio derecho las izquierdas y el izquierdo las derechas) a veces estos pacientes podían percatarse de su peculiar situación al ver enfrentadas sus dos manos, abotonando y desabotonando un traje, cogiendo y dejando un libro o una queriendo golpear a su pareja y la otra defendiéndola.

Y volviendo con este “juego de manos” a la pareja, podríamos decir que, si nuestra pareja nos abandona, sufrimos una escisión. De pronto todas nuestras expectativas, todas nuestras costumbres, se ven destrozadas por un hachazo brutal y cruel del destino. Parece un golpe físico, capaz de partir un corazón. Pero el golpe lo sufre el cerebro, y su física, que, pese a provocar un dolor mayor que cualquier golpe con un objeto afilado, es muy sutil. El yo y su mundo quedan traumáticamente disociados. Pasan de ser uno a ser dos. No son solamente los cuerpos de los amantes los que se separan, cuerpos que, de todas formas, siempre estuvieron separados: también se separa el alma del abandonado en dos partes, la que siente y padece, la consciente, y la creación que esta había hecho en interacción con su entorno y con otra alma, sobre la que operaba. Algo parecido sucede –salvando las evidentes diferencias- cuando se pierde un empleo y, en general, con la pérdida de cualquier red de relaciones estable y generadora de satisfacción. Toda red a través de la cual pesquemos alimento y descendencia es muy preciada.

Mientras las circunstancias externas eran adaptativas había en el cerebro un determinado equilibrio neuroquímico compatible con el ambiente exterior. Al abrirse un abismo ante el ser vivo en su horizonte y derrumbarse un edificio a sus espaldas, todo queda trastornado, pues uno no sabe hacia dónde proyectarse, y urge volver a crear un equilibrio, encontrar un nuevo entorno habitable para el alma, construir una nueva estructura, tarea que se presenta ardua, de elevado coste energético y para unas capacidades e ilusiones cada vez más limitadas. La maleabilidad de las emociones es escasa, y por tanto puede decirse que la plasticidad neuronal para crear nuevas redes a partir de las antiguas también. El organismo pierde su ambiente óptimo o al menos aceptable, o, dicho en términos bíblicos, el angel cae, el hombre es expulsado del Edén, y se ve obligado a vagar por el mundo, arrojado a una libertad no deseada.

El problema estriba en que al destruirse la autopista se detiene el tráfico.

viernes, septiembre 21, 2007

Enfoques nomotético e idiográfico


Hace unos años leí un libro de Marvin Harris en el que este antropólogo americano exponía sus ideas acerca de las perspectivas nomotética e idiográfica para el análisis de los fenómenos culturales y sociales. No mucho tiempo después hice una búsqueda en Internet con la intención de refrescar estos conceptos, pero no encontré ningún sitio web en el que se explicasen. No tengo idea de cómo estará la cosa ahora, pues no he intentado la búsqueda, pero me gustaría ampliar la información para quien tenga interés en ella, así que esta será mi pequeña aportación.

La vieja idea de que el árbol no deja ver el bosque y el bosque el árbol nos vendrá bien como sencilla imagen para comprender estos enfoques. Cuando uno observa una sociedad o una cultura nomotéticamente está mirando el bosque; si lo hace idiográficamente mira los árboles. Harris empleó estos términos en relación a las distintas perspectivas del estudio antropológico. La Escuela de Franz Boas era netamente idiográfica mientras que sus propias ideas de materialismo cultural eran nomotéticas. Sin embargo fuera de las ciencias sociales podemos encontrar ambas tendencias de análisis entre las personas, y, curiosamente, tales tendencias marcan también las tendencias políticas. Así la izquierda es fundamentalmente idiográfica, tanto en su valoración de los problemas sociales como en sus ideas sobre la libertad, y la derecha es nomotética en los mismos asuntos.

Pero ¿qué significa exactamente mirar la sociedad y la cultura nomotética e idiográficamente?. Si la imagen del bosque y los árboles no es suficiente definiremos mejor los términos.

Si yo miro a la sociedad o a la cultura y busco en ellas aspectos comunes, esenciales, universales; si busco en sus interacciones internas y con otras sociedades y culturas pautas y regularidades, si, en definitiva, yo generalizo, si doy un papel metodológico fundamental a la estadística, si observo las normas y costumbres, así como las ideas “desde fuera”, adopto un enfoque nomotético. Este podrá reducir la complejidad a términos más manejables, pero al hacerlo necesariamente eliminará matices y detalles de las individualidades, por otro lado tan importantes.

La mirada idiográfica es más compasiva, si se puede decir de esta manera. Se atiende por encima de todo a las ideas y comportamientos, hábitos y costumbres de las personas individuales, apreciándolos en toda su riqueza. Uno trata de ponerse en el lugar del otro y comprender sus razones. Así, no se mira al otro (entendiéndolo como grupo), desde fuera, como en el enfoque nomotético, deliberadamente distanciado e impersonal, sino desde dentro, desde las vísceras. Esto puede impedir que se analicen las cosas fría y racionalmente, algo completamente necesario si se quiere hacer ciencia rigurosa.

Del mismo modo que el nomotético generaliza el idiográfico personaliza y, en su faceta científica, si la tiene, se especializa. Siente el idiográfico una repugnancia natural hacia las generalizaciones, la mayoría de las cuales le parecen especulaciones sin base sólida, y prefiere antes “el caso” que “la ley”.

En política, como decía, estos dos modos de ver las cosas, cada uno con sus virtudes y sus defectos, son un poderoso polarizante psicológico. Analizando la economía y el derecho, por ejemplo, los nomotéticos se siente inclinados a apreciar normas generales e impersonales que sirvan de marco para el desarrollo espontáneo, libre e impersonal del mercado, mientras que los idiográficos creen que se debe legislar para corregir las imperfecciones de la sociedad, tan patentes cuando se fija uno en los “fracasos” de individuos de carne y hueso y las injusticias diarias cometidas en esa tierra de nadie más allá del marco de la ley, y creen asimismo que la economía no puede funcionar autónomamente sin generar muchos “casos” fracasados.

En una cuestión social tan importante como es el encuentro y la interpenetración de las culturas y las sociedades, que hoy con la globalización es más que evidente, las perspectivas nomotética e idiográfica nuevamente difieren. La primera incide más en el Choque y la segunda más en la Alianza de las Civilizaciones. El nomotético ve las diferencias esenciales entre las culturas, pues observa la cultura misma, mientras que el idiográfico ve en todas ellas las similitudes, pues en todas ve personas.

Un concepto tan manido y poco aclarado como la libertad es del todo divergente entre nomotéticos e idiográficos. Para un analista idiográfico es del todo necesaria la libertad del individuo para hacer cuanto desee, para realizarse dentro del cuerpo social. Ello puede llevar a que se busquen privilegios para ciertas comunidades o grupos de los que uno forme parte sin percatarse de que se obtienen a costa del resto de la sociedad. Un analista nomotético cree en la libertad asociada a la responsabilidad. La sociedad se desentiende de la suerte de las personas, que deben ocuparse y preocuparse de su lugar en ella. La voluntariedad prima en la caridad, el mecenazgo en las artes. El Estado representa un papel de mero garante de los contratos y del cumplimiento de leyes de carácter general e impersonal. El individuo es libre para hacer lo que quiera dentro del marco de la legalidad vigente y del respeto a los derechos fundamentales de los demás (siendo estos derechos fundamentales un número muy reducido). Y si fracasa debe asumir que se debe a su propia incompetencia o dejadez.

También la visión de la naturaleza humana está condicionada por cual de estas dos perspectiva se adopte. El idiográfico cree en la tabla rasa, en la importancia de la cultura y la sociedad, del ambiente humano, para moldear las personalidades, para crear los individuos. Si uno mira a quien fracasa “desde dentro”, si es él mismo o se pone en su lugar, podrá proyectar en la sociedad la culpa, la responsabilidad de su situación. Es lo que se denomina en psicología social “atribución”. Todo mal (e incluso todo bien) se atribuye a causas externas, especialmente a intenciones y actos de otros. El nomotético cree en cambio en la naturaleza humana innata, en los aspectos más universales de nuestra conducta y nuestra personalidad, así como en las diferencias no achacables a la acción de la sociedad sobre el individuo. La sociedad no es responsable de la suerte de sus componentes.

El enfoque que hago sobre lo nomotético e idiográfico es netamente nomotético, con todas las carencias y defectos que ello conlleva, y así soy yo. No puedo dejar de posicionarme al respecto, puesto que creo que la sociedad precede al individuo al menos en una cosa: si la última no funciona el primero se verá en una situación muy precaria. Si por proteger unos cuantos árboles escogidos por una observación compasiva y atenta se quema el resto del bosque es muy probable que todo el ecosistema de la zona se venga abajo, echando abajo también a esos pocos árboles. Así creo que la sociedad debe ser libre en un sentido liberal de derechas, es decir, en su vertiente económica, básicamente, y que cada individuo ha de valerse por sí mismo (con ayuda de los suyos y de todos aquellos que voluntariamente decidan ayudarle) para salir adelante, lo cual es un estimulante y un generador de impulsos productivos. No obstante comprendo que el mundo puede ser –y de hecho es- un valle de lágrimas, y que existen muchas injusticias e imperfecciones en el funcionamiento de la sociedad. ¿Y qué hacemos para corregirlas –correr un estúpido velo?. Y es que en esto no me queda otro remedio que ser idiográfico: hay que prestar un mínimo de atención a los matices. Los inmigrantes musulmanes pueden representar un grave problema, pero no dejan de ser personas, y no es igual un pakistaní que un marroquí, así como no es igual un marroquí de Casablanca que uno de pueblo, por no hablar de las diferentes personalidades de cada uno, independientes de su procedencia. Igualmente los parados de larga duración pueden ser, muchos, personas que han desaprovechado oportunidades, pero muchos pueden estar sufriendo un revés de la fortuna no atribuible enteramente o en absoluto a sus deméritos. Etc.

Las personas son muy importantes y, en última instancia, la realidad humana. Pero debe salvarse la sociedad para salvarlas, antes que salvarlas provisionalmente deteriorando o destruyendo su hábitat, que es la sociedad, con políticas benevolentes y cortoplacistas.
Por cierto: ¿no es idiográfico decir que las personas no somos totalmente nomotéticas ni idiográficas?. Pero así es.

miércoles, septiembre 19, 2007

¿24ºC?


Este verano tuve que ejercer de mediador en una disputa conyugal entre mis vecinos E. y P. Como algunos sabéis y otros suponéis, no soy psicólogo, asistente social, abogado ni nada parecido, pero es que el mótivo de la disputa era un asunto trésnico. En concreto, cual es la temperatura adecuada para el ajuste del mando a distancia en un parato de aire acondicionado. Cuestión ésta aparentemente baladí, pero recordemos que según los estudios estadísticos del profesor Franz de Copenhague, en Europa, el 87% de los divorcios obedecen a disputas relativas a los mandos a distancia.

E. indicaba que él lo ajustaba a 24ºC, y P. se quejaba de que se moría de frío y le parecía patético tener que ponerse una chaquetilla en pleno Agosto (ya sabemos que este verano, a pesar del cambio climático -pero seguro que también por su culpa-, no ha hecho mucho calor, pero en fin, andar en manga corta ha sido lo normal).

E. decía que él así estaba fresquito y que no estaba ni mucho menos, poniendo el control demasiado frío. Argumentaba, no falto de razón, que en los anuncios de la tele, el gobierno de España recomendaba esa temperatura y además indicaba que así se ahorraba energía (¿recordáis la campaña en TV y prensa?) y tal y tal.

Tuve que recordar a E. que, afortunadamente y en este caso concreto, la cifra dada por el gobierno era una recomendación y no una imposición. Y que tratándose de un gobierno donde para ser ministro de Industría el único requisito es el lugar de nacimiento, sin importar, no ya la preparación académica sino al menos distinguir un Watio de un Voltio, mejor passar de tal recomendación.

Vamos, que P. tenía toda la razón, y que mejor pusiera el mando a 26ºC (ó 27). Así no iba a tener calor, pero tampoco iba a necesitar chaquetilla, sus gargantas no sufrirían y la factura de la luz les iba a doler menos.

La cuestión es: ¿por qué las preclaras mentes del Ministerio de Industria, y en concreto los chicos del IDAE han decidido que 24ºC es la temperatura adecuada?

Ah, que es una medida novedosa para ahorrar energía y eso. Pues bien, vamos hacia atrás.

Resulta que uno, hace ya unos añitos, trabajó en el campo de la climatización y recordaba que la temperatura interior de diseño normalmente aplicable era 25ºC. Buscando antiguos papeles, he encontrado la norma entonces vigente, el Real Decreto 1618/1980 por el que se aprueba el Reglamento de Instalaciones con el fin de racionalizar su consumo energético y la Orden de julio de 1981 en la que se aprueban las Instrucciones Técnicas Complementarias para desarrollar dicho Reglamento.

(Nótese, 1.980-81, todavía gobernaba la UCD de Suárez y no se había descubierto el cambio climático ni la maldad del CO2)

Bien, pues en la Instrucción 04 "Exigencias de Rendimiento y Ahorro de Energía" se indica "Para los locales refrigerados, la tempertura media interior no será nunca inferior a 25ºC....". Menudo avance, pues, andar a estas alturas tirándose el rollo ecológico a base de recomendar una temperatura más fría (y por tanto, que ocasiona mayor gasto energético) que la que estaba marcada hace 25 años.

Y además, todo para conseguir que te tengas que poner una chaqueta o que te duela la garganta, aparte de consumir kWh en exceso. En fin, esta pequeña anécdota, como decían aquéllos, no es más que otro ladrillo en el muro.

martes, septiembre 18, 2007

Cumpliendo años



Tomad un bombón a mi salud, amigos....

martes, septiembre 11, 2007

Olvidos

No recuerdo cuando, ni dónde, ni en qué circunstancias lo escuché. Sé que fueron más de dos veces, pues ningún tema se me graba tan rápido con tanta fidelidad. Iba escuchando uno a uno y sorprendiéndome de lo bien que los conocía. Podía anticipar la siguiente nota de cada estrofa, sabía algunas frases de las que el cantante soltaba en un inglés californiano. No entendía porqué había olvidado toda mi relación histórica con el disco y mantenía en cambio tan bien la memoria de su música. Según avanzaba el coche hacia mi lugar de trabajo me iba despertando, en parte por lo extraño de la situación. Si me ponía a pensar en cualquiera de mis discos, presentes o pasados, podía recordar al menos un retazo de ocasión en el que los hubiera escuchado. By the way, de Red Hot Chili Peppers, se convirtió anteayer por la mañana en ese gran desconocido que nos es enteramente familiar.

No hace mucho tiempo que fui a la comunión de mi sobrina. En la celebración del hotel tomé algunas cervezas de más. Supongo que esa sería la causa de que perdiese parte de la memoria de aquella tarde. Lo asombroso fue cuando me puse a analizar lo que recordaba: de la gente que había conocido por primera vez solamente recordaba los rostros masculinos. Un viejo pintor de barba cana y mirada aguda con una sombra de mujer a su lado. Un político alto y fornido de rostro afable y otra sombra de mujer a su lado. Y la guapa mujer del dentista, al que ya conocía, sobre todo profesionalmente, cuyo rostro estaba vacío, era un borrón, una mancha. ¿Por qué había olvidado solamente los rostros femeninos, incluido el de esa guapa mujer que me llamó la atención –esto sí lo recuerdo- por su belleza?.

Nuestra biografía se asienta sobre nuestra memoria. Cuando percibimos lagunas tan extrañas dudamos necesariamente de nosotros mismos. Es preferible un recuerdo falso o distorsionado a ese vacío monstruoso que nos arrebata nuestra alma.

miércoles, septiembre 05, 2007

Amor y sexo


En un estudio científico se sometió a algunos hombres a un juego perverso. Debían cruzar un puente elevado y sumamente inestable para llegar a una psicóloga joven y atractiva que les daba a rellenar un test. Una vez rellenado el cuestionario recibían de la chica una propuesta no especialmente atrevida pero sí sugerente: para cualquier duda que tuvieran podían llamarla por teléfono. Muchos llamaron.

Como todo experimento científico con mentes humanas calenturientas requiere, se utilizó un grupo de control. Este estaba compuesto por otro grupo de hombres que atravesó un puente sólido a baja altura para realizar la misma entrevista. El porcentaje de hombres que llamó a la psicóloga tras realizar el test fue en este caso significativamente más bajo.

El resultado de este experimento peculiar parece indicar que el estrés aumenta la excitación sexual, al menos en el corto plazo.

Amor es a quien conoces, decía Billy Corgan, y Unamuno llamaba a su esposa “mi costumbre”. Los seres humanos tenemos esa natural forma de narcisismo consistente en sentir afectos positivos por lo que se nos parece. Así nos pasa con los animales, que cuanto más parecidos son a nosotros más cariño nos despiertan, y con nuestros congéneres, cuya pertenencia al endogrupo o al exogrupo los hace más o menos agradables, más o menos tranquilizadores.

Pero el amor, entendido como un afecto tierno y duradero, está en contradicción, paradójicamente, con el enamoramiento sexual. En el sexo buscamos más la diferencia, no tanto el parecido, la exogamia y no la endogamia. Y esto es debido a la excitación que despierta la novedad, sorprendentemente relacionada con el miedo y con los mecanismos neurológicos y hormonales que lo suscitan.

Si nos atenemos al planteamiento hecho por el neuropsicólogo Elkhonon Goldberg sobre la especialización de los hemisferios del cerebro, tendríamos que asociar al hemisferio derecho con la novedad y al izquierdo con la costumbre, con los procesos que se han convertido en rutinas inconscientes, denominados por este autor como patrones. Así el hemisferio derecho estaría relacionado con la excitación sexual en mayor medida que el izquierdo, y este último en el amor en mayor medida que el derecho. Esto debiera estudiarse experimentalmente, con RMf.

Otro aspecto relevante es el de la polaridad emocional de los hemisferios. Se ha establecido claramente –se aprecia a través de las emociones de quienes sufren apoplejías- que el hemisferio derecho es emocionalmente negativo y el izquierdo positivo. Esto es coherente con los papeles respectivos de lidiar con la novedad o con los patrones establecidos, puesto que lo primero genera incertidumbre, excitación y sus malestares asociados, mientras que lo segundo genera seguridad.

¿Por qué existen la infidelidad o el masoquismo y otras “aberraciones”?: despiertan moderados niveles de estrés que aumentan la excitación.

Una de las preguntas que podrían quedar respondidas con este planteamiento es por qué excitan tanto a los hombres las escenas lésbicas. Esta mañana precisamente veía en la televisión unas escenas de Hospital Central en la que dos actrices se morreaban. Este tipo de escenas excitan mucho a los hombres porque representan una negación a sus pretensiones. Las mujeres se enlazan entre ellas y de alguna forma comunican al hombre que el está fuera, que es irrelevante. Esto hace que el hombre se sienta atacado, en cierto sentido, apartado y humillado, y le excita, como a los probandos del puente elevado. Al llegar al otro lado está dispuesto a todo.

Una mujer mala, una femme fatale, debe su atractivo también a esto. Hace que el hombre se excite incesantemente con sus perversidades. Quizá no haga que su pareja (habitual o transitoria) se sienta cómoda y segura, y experimente afectos tiernos hacia ella, pero lo que si logra es mantener ese enamoramiento sexual, ese permanente estado de excitación salvaje.

También podríamos explicar, con este modelo, el cambio que se da en el tiempo en las parejas en cuanto a deseo sexual y afectos tiernos, como una consolidación en el cerebro de un patrón. Primero el elemental del esquema corporal y el rostro de la pareja deseada/amada, que se van convirtiendo poco a poco de algo inefable en algo perfectamente definido. Y luego en lo referente a conductas, costumbres, maneras de ser, personalidad, cada vez más predecibles, cada vez menos novedosas y excitantes, pero más conocidas y confortantes.

lunes, septiembre 03, 2007

Autoretrato y meme

Recibo un meme de una gran persona, excepcionalmente dotada para la literatura y me dispongo a realizarlo sin esperanza de hacer algo bueno.

Consiste el meme en realizar un autorretrato en verso, forma libre, y enviárselo a tantas personas como guste, siendo el mínimo tres, indicando quién se lo envía. Si no lo hace usted, será de ahora en adelante considerado poco menos que un Dan Brown. Y copie esto íntregro.

Ahí va mi nada poética improvisación:

Poesía, poesía eres tú,
Así que mira al espejo
Y trata de ver a otro
Desde ese yo
Que no se sabe

Mis miserias son vanguardia de futuro
Espejismos de pena y dolor
Haciendo tangente en la nada perfectamente esférica
Del infinito eterno

La muerte es lo único que no muere
En este mundo de cambios
La realidad de seres y objetos
Es consustancial a nuestro ser

Y aquí estoy, flotando en el vacío
Inmerso en la corriente turbulenta del tiempo
En el flujo circular de la cibernética madre
Pordiosero del verbo
Dios del vicio hecho virtud
De la debilidad hecha fuerza
Nada emancipada
Gritando libertad

Ecce Homo,
Con mi cruz como mirilla
Carpe diem,
Viendo como se escurre la fina arena
Entre mis manos
Allea Iacta est,
O del inconveniente de haber nacido.

Tópicos y más tópicos....

¿Cómo podría hablar de mi mismo

-sin hablar de todos?.


¿Quién me devuelve la mirada desde el espejo?.

¿Tendrán a bien el continuar este meme las personas que a continuación menciono?:

-El ilustre Juan Pablo.
-La ilustre Mavi.
-El ilustre Lebeche.
-El ilustre Carlos.
-La ilustre Peggy.
-La ilustre Pietra.

Como sé que muchos de ustedes son más bien ácratas y no especialmente entusiastas de los memes, dejo a su elección la forma de dar respuesta a este pequeño desafío.

jueves, agosto 30, 2007

La duda ofende

-"¿Crees que M* habrá meditado algo sobre el asunto?".
-"No, lo tiene claro desde el principio. En cerebro tan pequeño no puede caber ninguna duda".

martes, agosto 28, 2007

Una simple avispa


Ayer por la mañana fui al tinte a recoger unos trajes. La vuelta al trabajo tiene esas cosas. Tenían la entrada abierta de par en par, acaso para refrescarse, con el infernal calor que hacía. Acompañándome en la entrada vinieron dos avispas y yo hice ademán de aplastar a una de ellas que se me puso a tiro de zapatazo.

“Mejor no lo hagas” –me aconsejó la mujer de la tienda. “Te puede picar”.

Estaba yo un poco sensible con esos autómatas despiadados producidos por selección natural tras ver el día anterior la película Open Water. En ella una pareja americana acosada por el estrés vital y laboral, deseando darse un respiro y buscar un reencuentro con el amor y el ocio, decidió irse a bucear al Caribe. Iban en un barco con otros muchos turistas dispuestos a bucear en mar abierto. Por un error en las cuentas de los buceadores y un pequeño retraso de la pareja en salir del agua, el barco marchó de vuelta a puerto sin ellos. La película nos muestra la agonía y muerte de los dos tortolitos en unas aguas infestadas de tiburones. No había ningún sentido en ello, ninguna finalidad, ninguna moral. Solamente eran carnaza para tiburones a consecuencia de los números, de los números de un error de cálculo y de los números del tiempo del reloj. Primero unas medusas les picaron, después los tiburones les dieron un mordisquito de cata. Al final fueron el banquete de unos cuantos escualos.

La avispa no mata, me dije, y salí de la tintorería a seguir con mi vida y con otras cosillas.

Por la tarde salimos mi familia y yo de casa a un parquecito que está justo al lado, y nos instalamos en plan domingueros de pic nic para celebrar con algunos amigos de nuestra urbanización el cumpleaños de mi mujer. Teníamos una mesita plegable con viandas encima y vino una avispa a rondarlas.

-“Cariño, ¿y el matamoscas?!.

-“En casa. Si lo quieres sube a por él”.

Bajé con él dispuesto a fulminar a la maldita avispa. M e dirigía a la mesa, matabichos en mano, y un nene pequeñajo amigo de mi nene pequeñajo se interpuso porque quería mi arma de juguete. Se salió con la suya y me lo quitó. Poco después la avispa se había marchado y me olvidé de ella.

Volví a pensar en Open Water. ¡Qué horror!....¡Qué muerte más absurda!. La película estaba basada en hechos reales, así que fuera como fuere aquella pareja de americanos fue abandonada en aguas profundas, muy lejos de tierra, y murió en medio de la desesperación y el sufrimiento. Recordé al tiburón que había sido capturado en las costas de Tarragona. Aquello provocó un gran revuelo, pero solamente era uno y estaba muy enfermo y desorientado, según dijeron los biólogos que le trataron después en un acuario, tratando en vano de salvar su vida.

Unos amigos se retrasaban para tomar la tarta. Finalmente vinieron con sus trillizos. Les habían retenido en la piscina porque había fallecido una mujer repentinamente. Al parecer le había picado una avispa en el pecho al salir del agua, provocándole un shock anafiláctico que la mató en el acto.

¡Joder con la puta avispa!.....

Aquello me dejó tocado. No podía dejar de pensar en la mujer, una argentina de mi urbanización a la que conocía de vista. Cuando despertó por la mañana no habría podido imaginar que por la noche ya no estaría viva.

Y esa noche, vedada ya para mi vecina, mi mujer y yo nos pusimos a ver CSI Las Vegas. Repusieron un capítulo de hace tiempo sobre el miembro de un jurado que cae muerto sospechosamente tras alargar la deliberación impertinentemente. Los otros miembros del jurado tenían razones de sobra para quitarlo de enmedio. El fallecido era alérgico a muchas cosas, por lo que se sospechó que pudieran haberle envenenado con algún producto alimenticio que no pudiera tomar. Pero al final los CSI descubren al verdadero asesino, tirado al lado de una mesa. La abeja picó al hombre en el cuello provocándole un shock anafiláctico.

lunes, agosto 27, 2007

¡Qúe barba(ridad)!


Espero disculpen si estoy un poco obtuso, pero acabo de volver de vacaciones, o, como dije al despedirme, de vacas “locas” (o mejor sería de decir “tontas”). ¿O es que no sabían que las personas daban resultados más bajos en los test de inteligencia después de unas vacaciones?. Así es.

Y así, a lo tonto a lo tonto, la primera tontería de la que se me ocurre hablar es de la barba. Espero que ningún imberbe lo tome a mal, pero es que le he leído a Guy Brown que un científico publicó anónimamente en la revista Nature una interesante observación acerca de este atributo y adorno masculino. Parece ser que la actividad sexual, así como la anticipación mental de la misma, provocan una descarga de testosterona en el hombre (bueno, y en la mujer, aunque parezca increíble, pero este es otro asunto). Esto conlleva entre los machos el crecimiento del vello facial, es decir, de la barba.

¿Y qué pasa entonces?. Nada, simplemente que la barba crece más rápido, con cambios que podrían detectarse, en hombres que se afeitan a diario, de un día para otro. Así las mujeres de esos hombres podrían saber por los pelos de la cara de estos si el día anterior la reunión fue de negocios o de otra índole. ¿Entienden ahora que el autor del artículo de Nature lo publicara anónimamente?. ¡Que golfete!.

De todas formas esto no vale para las pajas, onanistas. Sí, pervertidillos por imperativo biológico, a vosotros no se os nota en el careto. Le leí a Eibl Eibesfeldt que había estudios que corroboraban que después de una masturbación no había tal oleada de la hormona masculina. Así que el chiste de los granos de la barba, de la barba, de la barba-ridad de pajas no tiene mucho sentido, fuera del sinsentido que le da sentido para hacer reír.

La gorra


Dejé a mi nene en aquel lugar lleno de otros nenes y nenas en caótica armonía. Era un recinto cerrado y asfaltado en el que hacían el loco en bicicleta, patinete o subidos a algún otro trasto con ruedas. Mi niño llevaba su gorra de colores con el escudo del equipo de fútbol de su abuelo (a mi el fútbol me la pela, se la regaló el abuelo).

Soy un poco borracho, lo confieso. No creí que fuera a pasar nada, realmente, y, de hecho, nada grave ocurrió, no al menos en mi ausencia. Estaría unas 2 horas fuera, tomando cervezas. El sol se sumergía en su ocaso y los niños se iban yendo. Cuando llegué estaban solo el mío, con su triciclo, y uno mayor en patín, con esos pendientes y ese pelo largo en la nuca, distintivos de horterez. El macarrilla llevaba la gorra de mi hijo. Se la pedí amablemente, pero el niño hizo caso omiso.

-“Niño, haz el favor de darme ya la gorra”.

-“No, es mía”.

Así estaríamos unos minutos hasta que al final me cansé y se la quité violentamente. El niño se enrabietó y fue contra mí, pero le di un manotazo y cayó de espaldas al suelo.

Ya estaba yo a punto de cruzar el umbral de la valla con mi hijo cuando apareció aquel policía impertinente.

-“Perdone, caballero, pero creo que tenemos un pequeño problema”.

Traté en vano de explicarle la situación a aquel descerebrado de uniforme. No hubo manera. Finalmente cogió la gorra de la misma cabeza de mi hijo para ponerla de nuevo en la del bribón aquel, que sonreía como un malhechor que se sale con la suya. Le tomó de la mano y se lo llevó hacia la puerta, dándome la espalda con prepotencia. Aquello era demasiado. Un puñetero imbécil se creía con derecho para intervenir en un asunto que no le concernía simplemente por tener el poder de coacción otorgado por el Estado. Cogí el triciclo de mi hijo y lo alcé muy alto. Con todas mis fuerzas lo hice caer sobre su cabeza. Sonó un golpe seco. ¡Crack!. El poli se derrumbó sobre el frío suelo. Un río de sangre brotó de su cabeza abierta e inundó el área circundante mientras su flácida mano aún agarraba la del niño ladrón, que miraba con un miedo catatónico hacia mi.

-“Y ahora dame la gorra pedazo hijo de perra!!!”.

El golfo obedeció, pero no podía dejar testigos. Cogí su pequeño cuello y le estrangulé. Pensé que sería más rápido, pero la cosa me llevó al menos un minuto. Tardaba en expirar, el enano.

Mi hijo estaba mudo y con la mirada perdida. Creo que no entendía nada de esa escena. Sabiendo que tenía menos de 3 años no me preocupé demasiado, lo olvidaría.

Antes de que alguien nos viera lo mejor era marcharse. Me percaté de que la gorra estaba en el suelo, pegada a la valla. ¿Qué hacía ahí, no la había cogido ya?. Mi mano derecha la sujetaba. Pero estaba ahí, en la valla. Estaba en mi mano y en la valla. Había dos cadáveres sobre el suelo de cemento, un policía y un niño, y dos gorras idénticas, una en mi mano y otra en la valla. Tardé unos segundos en comprender la situación…..lo mejor era marcharse antes de que nadie nos viera. Mi hijo lo olvidaría, sí, lo olvidaría…..tenía menos de tres años, joder.

martes, julio 24, 2007

Vacas locas


Comienzo mis vacaciones de blog hasta una fecha indefinida entre mediados de Agosto y mediados de Septiembre.

¡Que ustedes también lo pasen bien!....tan bien al menos como yo tengo pensado pasarlo.
Cualquier duda que tengan consulten con mi amiga la vaca, que está más cuerda que yo.
PD: ¡Ah, por cierto!....no me hago responsable de las vacaciones de otros participantes en esta web. que las tomarán cuando buenamente puedan/quieran.